¿Cuáles son las claves del modelo educativo finlandés?

Mucho hemos oído hablar en televisión acerca del modelo educativo finlandés. Fue en un programa de “Salvados” donde por primera vez pude conocer el funcionamiento de este sistema, gracias al gran Jordi Évole y a todo su equipo. A raíz de aquella edición de este conocido programa, muchos no pudimos evitar comparar el sistema educativo español con el de Finlandia. Porque… ¡Son tantas las diferencias! Los resultados hablan por sí solos: Finlandia está muy por encima de España en el Informe Pisa (entre los 10 mejores países en cuanto a rendimiento académico).

Ante esta realidad, nos queda plantearnos una cuestión: ¿se puede traer a España el modelo finlandés? Para traerlo es importante, antes de nada, conocer cómo funciona. He de reconocer que me gustaría aplicarlo todo al completo o, si las leyes españolas lo permiten, parte de él, en algún centro educativo. Pero mientras tanto, os voy a explicar las claves de su modelo.

1.- La importancia del entorno

Los centros educativos de Finlandia tienen estancias decoradas de tal forma que son cálidas y acogedoras. Su filosofía es la de que el alumno debe sentirse “como en su casa”. La comodidad y la apariencia tan acogedora, hacen que los chicos dejen de ver el colegio como una cárcel o como un lugar indeseable al que no quieren asistir. De hecho, la mayoría de los centros disponen de zonas de descanso, pasillos con colores cálidos y decorados por trabajos que ellos mismos han hecho. Esto último, es algo que favorece y estimula la creatividad de los niños, porque se sienten motivados al ver sus propios dibujos en las paredes del centro.

Otro aspecto a resaltar del entorno es el hecho de que las aulas tienen 65 metros cuadrados. A pesar de que los más antiguos no tienen ese tamaño, los expertos se dieron cuenta de que debían aumentar las dimensiones y, por ello, se tomó esa medida cuando construyeron los centros más recientes. Esto, unido a que la ratio de las aulas es baja (un profesor por cada 20 alumnos) hace que se pueda dar clase de forma óptima.

Los alumnos están muy sensibilizados con el tema de la limpieza. Es importante limpiar, pero más importante es no ensuciar, con el objetivo de que la dirección del centro tenga que destinar menos recursos a la limpieza del centro. Y ello, unido a la ausencia de empujones en los pasillos y/o peleas, hace que sea un lugar con un ambiente ideal para dar clase.

2.- El ritmo de enseñanza-aprendizaje está adaptado al alumno
Otra de las máximas de este modelo es que el alumno marca el ritmo de su propio aprendizaje. Allí no se les obliga a aprender un contenido determinado porque lo exija la ley. Un claro ejemplo es el aprendizaje de la lecto-escritura, que funciona de la siguiente manera: si un niño de 6 años tiene predisposición para aprender a escribir, se le enseña. Si con 7 años aún no está preparado, esperan a los 8 para enseñarlo. En caso de que siga teniendo dificultades para aprender, acude al aula de apoyo, donde están agrupados por materias (en este caso iría a lenguaje).

El tiempo también es un aspecto a tener en cuenta, puesto que todas clases duran 45 minutos y están separadas por 15 minutos, utilizados para que el estudiante pueda estirar las piernas por los pasillos e instalaciones del centro o descansar en las zonas de descanso. Incluso pueden ir a la sala de ordenadores a consultar cualquier información que le interese.

3.- Detección temprana de las dificultades de aprendizaje y de las necesidades específicas de apoyo educativo

La atención a la diversidad es muy buena en aquel país. Con “atención a la diversidad” me refiero a las medidas encaminadas a diagnosticar problemas en los niños, detectar dificultades a nivel personal, familiar y académico y, por supuesto, tomar medidas para superar dichas dificultades. Una muy buena forma de hacerlo es mediante la evaluación psicopedagógica, que se realiza desde que los niños entran en educación infantil y hasta que salen del instituto.

Una vez detectadas las dificultades y las necesidades del/la alumno/a, en caso de que las haya, pasarían a recibir clases de educación especial en aulas donde el número de alumnos no supera los 5, con profesores especializados. Además, desde los centros se favorece la integración de aquellos alumnos que proceden de otros países, ya que hay un profesor ayudante bilingüe por cada cinco alumnos extranjeros, que les acompaña durante todo el horario escolar.

En los centros, normalmente el Plan de Atención a la Diversidad es coordinado por el/la orientador/a. Es curioso ver como en Finlandia hay un orientador por cada 200 alumnos, mientras que en España hay uno por cada 1500. La atención a la diversidad y el apoyo educativo son ámbitos imprescindibles en los centros educativos. Tal vez consigamos reducir el fracaso escolar en nuestro país si tenemos más orientadores…

4.- Buena atención a los/las alumnos/as

Parece ser que la cultura educativa de allí hace que los profesores sean accesibles, que estén disponibles y que sean atentos con sus alumnos. Un claro ejemplo que me contaron es el de un alumno que dejó de asistir a clase. Su profesor de matemáticas, viendo que el chaval no iba a clase durante semanas, decidió ir a su casa para interesarse por él. En cuanto localizó el domicilio, pudo comprobar que estaba viviendo en una casa que estaba prácticamente en ruinas y que no disponía de elementos tan básicos como agua o luz. Automáticamente habló con los padres y el día siguiente contactó con el organismo competente para que le echaran una mano a la familia. Una actuación que viene a reflejar aquello de que “los profesores, son profesores las 24 horas del día”.

Con esto no quiero decir que en España no se haga. Por suerte, hay profesores que actúan fuera de su horario escolar y fuera del centro. Detrás de un alumno puede haber una problemática social como la del ejemplo. Y en ocasiones queda oculta, por vergüenza a expresarla o por desconocimiento de los procedimientos a seguir para pedir ayuda.

La profesión del profesor está valorada por la sociedad en Finlandia. A diferencia de lo que ocurre en nuestro país, allí los docentes tienen prestigio social y la ciudadanía piensa que son expertos en su labor, con lo cual no cuestionan tanto la forma de dar clase.

5.- Los alumnos son activos y están comprometidos
Se ha creado una cultura y un clima educativo en el que los alumnos tienen inquietudes académicas y cumplen con sus compromisos. Un ejemplo que refleja esta afirmación es que cuando acaban los deberes y les sobra tiempo, el profesor les deja elegir un libro de la pequeña biblioteca que tienen en clase para que lo puedan leer. Incluso cuando la tarea a realizar es la de leer un libro, el profesor no les impone ninguno en particular: les deja elegir aquel que más les interese o les guste, con el objetivo de que vean la lectura como algo atractivo y no como algo impuesto por los docentes.

Tradicionalmente, en España, siempre se ha enseñado a los alumnos a memorizar contenidos y se nos ha olvidado enseñarlos a pensar. ¿Es más importante saber de memoria una teoría determinada o saber reflexionar acerca de las cosas? En Finlandia enseñan a sus alumnos a pensar, a replantearse lo que ven. ¿Por qué? Porque si nos cuestionamos la realidad, tendremos más motivos para seguir aprendiendo. ¿Qué hubiera pasado si Cristóbal Colón no se hubiera cuestionado lo que los sabios de su época decían sobre la Tierra? Pues que probablemente no hubiera descubierto América.

6.- Libertad académica

Los estudiantes tienen cierta libertad a la hora de elegir sus estudios. Ésta va en relación con el grado de madurez. Es decir: los alumnos empiezan el aprendizaje del inglés a los nueve años; a los 11 pueden elegir otra lengua entre el alemán, el francés, el sueco y el ruso, y todo ello se decide entre alumno y profesor. Los profesores estimulan a sus alumnos para que construyan su propio aprendizaje.

7.- La importancia de los exámenes

Hasta los 9 años no hacen exámenes. Han visto que no es necesario evaluar académicamente a los alumnos y, a pesar de que a los 9 años ya se hace, no ponen notas hasta los 11 años. Esta evaluación está guiada por el principio de “no castigar”. Prefieren premiar los buenos resultados, que castigar al alumno por haber suspendido una materia. Además, en los exámenes se le da más valor a lo que el alumno sabe, antes que tener en cuenta lo que no sabe.

Los finlandeses hacen que con su modelo el alumno se sumerja poco a poco en los exámenes, con el objetivo de hacerles ver que no es algo angustiante. De esta manera, los estudiantes afrontan mejor la realización de un examen.

Una vez expuestas las claves, hay algo que he dejado en el tintero hasta el final. ¿Sabéis cuál es la inversión que realiza Finlandia en educación? ¿Y la que hace España? En Finlandia es de 7 % del PIB, mientras que en nuestro país es del 5 %. La clave fundamental que hace que allí tengan buenas instalaciones, profesores suficientes para atender al alumnado, etc, es la distribución eficiente de los recursos. Bajo mi punto de vista, este modelo se puede traer a España aunque sea de forma parcial. Pero debemos pensar que tal vez no estemos distribuyendo de manera eficiente nuestros recursos, viendo que Finlandia invierte un 2 % más de su PIB que nosotros… Y vosotros, ¿qué pensáis?

Anochecer en Helsinki

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