Cuando conducir nos da miedo

Existe el miedo a las arañas, a los lugares cerrados, a los lugares abiertos, a los ascensores, a la oscuridad… Y también a conducir. La amaxofobia es un trastorno de ansiedad que consiste en un miedo irracional a ponerse al volante de cualquier vehículo, que afecta a algo más de 15.000 personas en nuestro país, de las cuales el 87,5 % son mujeres, según datos del Instituto Mapfre. Llama mucho la atención ese porcentaje, pero para que podáis analizarlo de forma coherente voy a desgranaros las principales características de este trastorno.

¿Cómo se produce un miedo? En ocasiones ese temor tiene una causa real, consistente en una asociación que hicimos en el pasado entre un estímulo y una respuesta. Por ejemplo:

Imaginaros que vuestro hermano se sacó el carnet de conducir con 18 años. Los primeros días circuló sin ningún problema por el pueblo en el que vive. Pero el sexto día decidió irse al centro comercial de la capital. Para llegar hasta allí tuvo que circular por la autovía, con tanta mala suerte que al salir del carril de aceleración un camión que ya estaba dentro de la autovía frenó en seco, haciéndole frenar a él también y hasta incluso derrapar. Su coche llegó a chocar contra el bajo del camión, pero tan sólo se hizo unas pequeñas abolladuras. Tras el susto, su frecuencia cardíaca se aceleró junto con su ritmo respiratorio, empezó a sudar, etc.

En la situación del ejemplo, tenemos un estímulo (choque contra camión) y una respuesta (ansiedad). Imaginaros que el chico asocia la situación en la que se encuentra (interior del coche, volante, autovía, conducir, camión…) con la respuesta de ansiedad provocada por el susto (sudoración, aumento frecuencias cardíaca y respiratoria, miedo a sufrir heridas graves…). ¿Qué pasará? Que muy probablemente no querrá volver a conducir nunca más. Y recurrirá a lo que los psicólogos llamamos refuerzo negativo: evitar la situación que nos genera ansiedad para obtener placer y/o tranquilidad. “No voy a conducir porque tengo miedo de chocarme contra un camión”.

No hay que confundir este trastorno con el “respeto” que nos produce la carretera. Es normal que tengamos un poco de miedo a realizar ciertas maniobras cuando conducimos, como por ejemplo adelantar a más de 110 kilómetros hora o conducir de noche. No podemos olvidar que el miedo es una emoción y es necesario, pero en su justa medida. Una emoción en exceso no es buena, ya que lo mismo pasa con la tristeza (que en abundancia produce depresión). Si no tuviéramos miedo a las alturas, probablemente nos colocaríamos en el alféizar de la ventana de un octavo piso. Y eso tendría consecuencias muy negativas para nosotros.

¿Qué factores pueden ocasionarla?

Los estudios afirman que hay tres colectivos que la padecen:

Conductores noveles. Al principio nos cuesta adaptarnos a los cambios. Cuando por fin nos hemos sacado el carnet de conducir nos encontramos en la tesitura de que en el asiento del copiloto ya no va nuestro/a profesor/a para ayudarnos. ¿Y si le doy a un coche mientras aparco? ¿Qué pasa si no puedo entrar a la autovía? Tenemos que confiar en nosotros mismos y pensar que todas las conductas necesarias para conducir se irán automatizando en nuestro cerebro, de tal forma que llegará un momento en el que las haremos de forma inconsciente y ello hará que aumente nuestra destreza.

Personas que han sufrido o visto un accidente. El chico del ejemplo estaría en este colectivo y en el anterior. El hecho de haber sufrido una situación tan desagradable, como un accidente, nos marca. Tendemos a asociar esa situación con el hecho de conducir y nos genera mucha ansiedad. Incluso sin haber chocado contra el camión, el chico sufriría esa respuesta en la que sus frecuencias cardíacas y respiratoria se acelerarían.

Conductores que llevan años sin conducir. Estas personas piensan que han olvidado cómo se conduce o que ya no son capaces de hacerlo. Pero no saben que si ese aprendizaje está consolidado, no tendrán ningún problema a la hora de conducir un vehículo. Puede que tras 10 años sin llevar un vehículo les cueste al principio iniciar la marcha, pero una vez habituados ya serán capaces de circular sin ningún problema. Con este colectivo no sabemos si la amaxofobia es la causa o la consecuencia. ¿Llevan años sin conducir porque tienen miedo? ¿O han adquirido ese miedo a conducir porque hace años que no lo hacen? Depende del caso.

Características

Las personas que padecen este trastorno sienten que no tienen el control de la situación. Su mente se inunda de pensamientos negativos y de miedo. Dicho miedo provoca tensión psíquica y tensión muscular, las cuales provocan una excitación corporal que bloquea a nivel conductual a la persona que pretende conducir.

Tienen sensaciones como ansiedad, pesadillas, angustia, sudor en las manos, temblor, ideas irracionales sobre conducir vehículos, visualización de accidentes en su mente, conductas de escape/evitación, etc. Además, no podemos olvidar que ésta es una de las fobias más incomprendidas y ello provoca que muchos de ellos no acudan a consulta para buscar soluciones. Creencias y dichos machistas como “mujer tenías que ser” o la idea generalizada de que las mujeres no saben conducir, hacen que éstas sean quienes peor lo pasan a la hora de buscar ayuda.

¿Cómo tratarlo?

El primer paso para solucionarlo es reconocer que padecemos este trastorno. Una vez lo hayamos reconocido, toca ponerse en manos de especialistas y afrontarlo. Es muy importante romper esa asociación de la que os hablaba al principio y borrar, por completo, aquellos pensamientos negativos que nos hacen creer que no somos capaces de ponernos al volante de nuestro coche. Además, trabajar la respiración mediante relajación y utilizar esa técnica cuando estemos ante la situación estresante y/o ansiosa, nos servirá como recurso para autocontrolarnos de manera eficaz.

Ejemplo de cambio de pensamiento:
“Si me adelanta un camión seguro que me pongo nervioso y me estampo contra él”.
“Si me adelanta un camión le dejaré pasar por mi izquierda. No me estamparé contra él porque yo tengo el control de mi vehículo”.

Por último, una de las técnicas más eficaces para tratar este trastorno con éxito es la terapia de exposición, que consiste en exponer de forma progresiva al paciente a situaciones que le ocasionan temor. Es muy importante acompañarlo en el asiento del copiloto y darle ánimos para que confíe en sí mismo y pueda afrontar aquellas situaciones que le generan miedo.

Carretera en la Gran Sabana

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