Prosopagnosia: cuando todas las caras son iguales

Hoy os quiero hablar de un trastorno muy extraño, que fue descubierto en el año 1947 por J. Bodamer, cuando descubrió dos casos de esta peculiar alteración perceptiva. Él la definió como “la interrupción selectiva de la percepción de rostros, tanto del propio como del de los demás, los que pueden ser vistos pero no reconocidos como los que son propios de determinada persona”.

La prosopagnosia es un tipo específico de agnosia visual (dificultad para reconocer imágenes), caracterizada por la incapacidad para reconocer caras que no son familiares o, en los casos más graves, problemas para identificar caras familiares y su propio rostro tanto en el espejo como en fotografías. En resumidas cuentas: es una ceguera visual, provocada porque el cerebro de estas personas es incapaz de interpretar la información que recibe de los ojos en forma de caras.

Raramente se presenta aislada, ya que suele ir acompañada de otras enfermedades. Además, puede ser síntoma de demencias como el Alzhéimer. Hay diferentes grados, y en el más grave son incapaces de reconocer su propia cara. Su causa principal es una lesión en parte del lóbulo occipital y temporal, y afecta a un 2,5 % de la población, aunque muchos todavía no saben que la tienen.

Para que lo entendáis, os pongo un ejemplo:

Imagínate que vas por la calle y te saluda una chica. Al principio piensas que se ha confundido, ya que vives en una ciudad y con la cantidad de gente que pasea por sus calles es normal que suceda. Pero al saludarte dice tu nombre: “Adiós, José Antonio”. Ahí ya empiezas a pensar en que no se ha confundido. ¡Sabe cómo te llamas! Te fijas bien en sus rasgos faciales, compruebas que tiene los ojos azules y un hoyuelo a cada lado marcado al sonreír. En medio segundo, te das cuenta de que a esa chica te la presentaron las pasadas navidades y hasta recuerdas su nombre, su profesión y donde vive. Como si nuestro cerebro fuera una base de datos en la que tecleas su nombre y accedes a todas su información (bueno… A la que sabes).

Pues ese proceso de “búsqueda en la base de datos” es lo que no funciona en las personas que padecen prosopagnosia. Ellos ven perfectamente a la chica, pero no le ponen nombre. Y no es un problema de visión que se solucione con unas gafas, porque los ojos funcionan perfectamente. De hecho quien padece esta enfermedad ve perfectamente una nariz, una boca, unas orejas, etc, y puede distinguirlas. El problema es que no sabe atribuirle una identidad.

Ellos saben que existen diferencias entre dos rostros. De hecho pueden identificar un rostro como tal e incluso algunos pacientes saben qué emoción está expresando, ya que irá en función de si tiene o no tiene más áreas del cerebro afectadas. Pero son incapaces de saber a quién pertenece dicho rostro. Hacen análisis deductivo del rostro para tratar de averiguar de quién es, utilizando para ello rasgos diferenciales como el color del pelo, alguna cicatriz o mancha en la cara, la existencia de algún piercing… Si la chica del ejemplo es pelirroja y lleva flequillo, y el chico padece prosopagnosia, éste recurrirá a esos rasgos diferenciales para caer en la cuente de que es María. “Claro… Es María, que lleva flequillo, es pelirroja y tiene los ojos azules”. Le costará más reconocerla, pero lo conseguirá si ha desarrollado esa habilidad adaptativa.

¿Qué la provoca?

Este trastorno puede ser adquirido o congénito. En ambos casos, el problema que lo causa se encuentra en el cerebro. Puede ser:

  • Congénito. Hereditario, aunque esto ocurre con muy poca frecuencia. En caso de que lo sea, puede presentarse de forma aislada sin la presencia de otros trastornos.
  • Adquirido. Por lesiones cerebrales, provocadas por accidente cerebrovascular, un tumor cerebral, infecciones que afecten al Sistema Nervioso Central o algún traumatismo craneoencefálico. En estos casos suele aparecer junto con otros déficits en el reconocimiento de estímulos visuales tales como identificar colores u objetos.

La parte del cerebro que más frecuentemente está implicada cuando alguien padece este trastorno tiene que ver con el almacenamiento de las caras, situada las circunvoluciones parahipocámpica, lingual y fusiforme del hemisferio derecho. Además, por si fuera poco, también hay daños en partes del hemisferio izquierdo responsables de la activación de las estructuras lingüísticas que codifican el nombre de la persona que tratamos de reconocer. Para saber que María es María, tenemos que asociar su nombre con su cara: de ahí que sean importantes ambos hemisferios. Al igual que para saber que un lápiz es un lápiz.

¿Cómo se detecta?

Se utiliza el Test de Reconocimiento Facial de Benton, mediante el cual el paciente tiene que emparejar imágenes donde aparecen caras en varias posiciones, todas ellas bajo condiciones de iluminación diferentes. ¿Por qué se utilizan fotografías y no personas en movimiento? Porque al usar fotos estamos eliminando elementos contextuales como el acento o la existencia de algún tic característico en la persona a identificar (parpadeo, muecas, etc). Así el paciente no recurrirá a esas estrategias que puede haber desarrollado de manera inconsciente, y averiguaremos si padece este trastorno.

¿Cómo se trata?

Tenemos que darle al paciente una serie de estrategias para que pueda reconocer, como mínimo, los rostros de las personas más cercanas a él. Puede que haya perdido una habilidad muy necesaria en el ser humano, pero existen alternativas que le ayudarán a suplir dicha capacidad.

Focalizar atención en aspectos contextuales: hemos de enseñarle a fijarse en el color del pelo, de los ojos, el acento al hablar (los hay muy característicos), gafas, piercing, sombrero, etc. Además, si dicha persona tiene alguna cicatriz en la cara o mancha que la caracterice, esto será otro aspecto a tener en cuenta para identificarla con facilidad.

El hecho de no reconocer caras les genera frustración y puede llevarles a la depresión. Somos sociales por naturaleza, y necesitamos de la interacción con el entorno. Por ello es importante no presionar a quien lo padece ni reprocharle su incapacidad. Armaros de paciencia y utilizad las estrategias necesarias para que pueda llevar una vida normal.

Famosos que la padecen

Brad Pitt es el caso más conocido de este trastorno. Hace unos años lo hizo público, afirmando que había perdido muchas amistades por su manera de actuar: no les saludaba porque no los reconocía. En este caso, al parecer es debido al consumo de drogas del actor durante una etapa difícil en su relación con Jennifer Aniston, algo que él mismo ha reconocido.

Si queréis profundizar en este trastorno, os recomiendo una película y un libro. La película se llama Agnosia y el libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. Y si os ha parecido interesante esta publicación, por favor compartidla.

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