Parafilias. Cuando el sexo se convierte en patología

Probablemente alguna vez hayáis oído hablar de la palabra “parafilia”. Es más: estoy seguro de que en televisión habéis visto tipos de parafilias, como es el caso de la pedofilia. Según el manual DSM IV, es un trastorno que se caracteriza por la presencia de impulsos sexuales intensos y recurrentes. La persona que padece una parafilia tiene comportamientos o fantasías que implican objetos, actividades o situaciones que son poco habituales. Y todos estos síntomas deben estar presentes en el individuo durante al menos 6 meses para que se le pueda diagnosticar este trastorno.

Pueden intentar la representación de sus fantasías en contra de la voluntad de la otra persona, con resultados peligrosos (pedofilia, sadismo…). Este trastorno produce malestar en quien lo padece, porque es consciente de que está actuando mal, y la vergüenza y el sentimiento de culpa se apoderan de él. Tres son los ámbitos de su vida que se ven muy afectados:

Social: las relaciones se ven afectadas porque el entorno ve vergonzoso y repugnante el comportamiento de quien lleva a cabo estas prácticas sexuales.

Familiar. Si la persona que sufre las fantasías pertenece al círculo familiar, habrán conflictos muy duros entre ambas partes, sobre todo problemas de pareja, porque ésta se puede negar a llevar a cabo ciertas actividades. Muchas personas deciden no denunciar, al tratarse de su hijo, marido o hermano. ¿Cómo denunciar a alguien que es sangre de tu sangre? No es tan sencillo como parece.

Laboral. Tienden a buscar trabajos donde están en contacto directo con el público, como puede ser monitor, dependiente, etc. Una persona que ha cometido delitos sexuales tiene serias dificultades para encontrar trabajo en lo que, aparentemente, le gusta. Precisamente por el miedo a que recaiga.

Las parafilias suelen empezar en la adolescencia y consolidarse en los primeros años de la etapa adulta (20-25 años). Tienden a volverse crónicas y algunos estudios han encontrado la relación entre los niveles elevados de testosterona en hombres con la tendencia a padecerla, de ahí que muchos violadores opten por la castración química como método para evitar recaídas.

Algunos tipos

Exhibicionismo. Consiste en la exposición de los propios genitales ante una o más personas, pudiendo incluir la masturbación. El individuo que hace este tipo de parafilia no suele tener la intención de mantener relaciones sexuales con la persona que le observa, pero piensa que ésta se va a excitar al verlo y ello le genera placer.

Fetichismo. Lo padecen aquellas personas que utilizan objetos tales como sostenes, bragas, medias, zapatos, etc, para masturbarse, olerlos, ponérselos u obligar a alguien a que se los ponga para excitarse y obtener placer. Cabe aclarar que no se considera parafilia la conducta travestista: es decir, si una persona se viste de mujer por cuestiones de ocio, trabajo o por identidad, no es razón para atribuirle una parafilia.

Pedofilia. Consiste en mantener relaciones sexuales con niños/as cuyas edades son inferiores a los 13 años de edad. Hay incluso asociaciones en varios países que exigen a las autoridades que se legalice la pederastia, argumentando que los niños también obtienen placer o que dicha relación tiene valor educativo. Utilizan una serie de creencias que son totalmente falsas y llegan a amenazar a sus víctimas con tal de abusar de ellas sin ser descubiertos. Es curioso cómo piensan la forma de acceder a los niños, ya sea realizando trabajos de animador o en atención al público.

Masoquismo sexual. En este tipo aparece la humillación, los golpes y cualquier otro tipo de sufrimiento. Tienen obsesión por realizar este tipo de fantasías e incluso pueden llegar a auto-castigarse.

Sadismo. A diferencia del masoquismo, en el sadismo hay un deseo de dominar a la otra persona. Para quien lo padece supone un placer tener el control de su víctima, para que se arrastre por el suelo, quemarlo/la con cera caliente, etc. Con tal de obtener placer, pueden llegar incluso a obligar a la otra parte a hacer determinadas conductas o matarla.

Frotteurismo. Quienes padecen este trastorno efectúan contactos y roces con una persona en contra de su voluntad. Para ello aprovechan las aglomeraciones de gente: conciertos, hora punta en el metro, etc. El individuo aprieta sus genitales contra cualquier parte de la otra persona (suelen hacerlo contra las nalgas) e intenta tocar los genitales o senos de su víctima. Mientras hace esto, imagina que está manteniendo una relación sexual con ella.

Zoofilia. Éste consiste en mantener sexo con animales. Como en el caso de las anteriores, el hecho de llevar a cabo esta fantasía les excita y obligan a sus propias mascotas a tener sexo. Es muy complicado de diagnosticar éste tipo, puesto que las víctimas no pueden testificar ni denunciar a quien les agrede. La única forma de detectarla es cuando el paciente acude a consulta y lo reconoce.

Un individuo puede padecer más de una parafilia y tener alteraciones en su personalidad. Ellos afirman que este comportamiento no les ocasiona ningún tipo de malestar, que el único malestar lo encuentran cuando la sociedad los rechaza al conocer que llevan a cabo estas acciones.

Pero, ¿por qué una persona decide mantener sexo con un animal? ¿Qué encuentra de atractivo en un sujetador? Es evidente que uno de los motivos por los que las conductas parafílicas se llevan a cabo es porque son accesibles para el sujeto. No obstante, en otros casos este no es el principal motivo: puede ser consecuencia de un trauma sexual porque pensará que cuando le pasó obtuvieron placer y él también obtendrá placer al realizar determinada conducta, aunque tratará de quitarse ese pensamiento de la cabeza, pero no podrá: de ahí que sea recurrente y se convierta en una obsesión.

La cultura como factor clave

A la hora de identificar este trastorno nos encontramos con que hay culturas en las que están aceptadas determinadas actividades sexuales. Lo que se considera desviación en nuestra cultura, puede considerarse normal en otra, como es el caso de la pedofilia. Además no sabemos realmente cuantas personas padecen algún tipo de parafilia en nuestro país, porque muchas no lo saben o no acuden a la consulta a tratarse.

Multitud de estudios dicen que suele empezar en la adolescencia y consolidarse en los primeros años de la etapa adulta (20-25 años), pudiendo llegar a ser crónica y a ocasionar malestar o alteraciones importantes en otra persona, o en la misma persona que la padece.

Cuando se convierte en delito

En España un 5 % de la población penitenciaria cumple condena por un delito sexual. Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona, publicado en el año 2008, evaluó la reincidencia de un grupo de 163 agresores sexuales ya excarcelados. El 85,3 % de los sujetos no reincidieron, mientras que el 14,7 % volvieron a reincidir. Esto nos lleva a confirmar que, de alguna manera, siguen existiendo esos pensamientos recurrentes en quien padece algún tipo de parafilia y a ser conscientes de la importancia de la terapia psicológica para prevenir que la persona cometa nuevos delitos.

A la de ya!!//embedr.flickr.com/assets/client-code.js

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s