¿Qué es el TDAH?

Esta semana quiero hablaros sobre un trastorno que lleva de cabeza a muchos padres y docentes. Se trata del TDAH, o lo que es lo mismo: Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. El TDAH afecta a entre el 6 y el 9 % de la población infantil y adolescente y, según un estudio de la OMS realizado en el año 2007, al 3,4 % de la población adulta mundial. Cifras significativas si tenemos en cuenta que muchos lo padecen y no lo saben todavía. Pero, ¿qué es el TDAH? ¿Qué características tienen estos alumnos? En este, el primer artículo de una serie de tres, os introduciré en el mundo del TDAH.

Primero de todo quiero profundizar en el TDAH para definirlo adecuadamente. Es una alteración cuyo origen es neurobiológico y que empieza en la infancia de quien la padece, provocada por la presencia un déficit de atención junto con hiperactividad e impulsividad. Los problemas de atención influyen negativamente en el desarrollo del niño, sobre todo a nivel académico porque le dificultan asimilar los contenidos impartidos en la etapa escolar. Además, la impulsividad y el nerviosismo hacen que el pequeño tenga problemas comportamentales e incluso pueda llegar a ser más agresivo de lo normal.

Cabe destacar que también existe el TDA, una variante en la que no hay impulsividad. Es más: los problemas de atención pueden ser síntomas de otros trastornos e incluso la misma persona puede tener TDAH junto a otros problemas mentales (autismo, discapacidad intelectual, etc). Es primordial un diagnóstico temprano para prevenir posibles complicaciones.

Niños y sus juegos

Características

Antes de pasar a exponerlas, quiero reafirmarme en que no todos los niños hiperactivos tienen todas las siguientes características. Es algo orientativo y no debemos olvidar que cada caso es un mundo y, por lo tanto, la atención debe ser siempre personalizada para ajustarnos a sus necesidades reales. Los tres síntomas principales son: hiperactividad, impulsividad y déficit de atención.

Mala adaptación social. Nuestra sociedad tiende a utilizar los estereotipos (etiquetas). ¿Quién no ha oído a una madre diciéndole a otra que su hijo es un “trasto”? Sin darse cuenta está poniéndole al niño el cartel de “malo”. Y él, al ser consciente de que ya lo han etiquetado, actuará en consecuencia. Es más: la mala adaptación social viene provocada por el rechazo del entorno hacia quien se comporta de manera disruptiva.

Retraso motor y del lenguaje. Los niños hiperactivos no llevan el mismo proceso de aprendizaje que el resto. La atención es esencial para poder aprender, con lo cual ellos tienen que aprender a controlarla para poder consolidar aprendizajes. Muchos de estos niños tardan más de la cuenta en desarrollar el lenguaje, teniendo que acudir a especialistas en audición y lenguaje e incluso a sesiones de psicomotricidad para trabajar, sobre todo, la motricidad fina: la responsable de llevar a cabo los movimientos más precisos (abrocharse la chaqueta, coger bien el lápiz…)

Mala coordinación. Como consecuencia del retraso motor, viene la mala coordinación. Aunque también se ve ocasionada por la impulsividad y el nerviosismo que tienen. Es más: a la hora de pasarles una prueba de coordinación, o de cualquier otra habilidad, hemos de tener en cuenta que tal vez el hecho de que tengan problemas atencionales influye en el resultado de la misma. Por lo tanto no se sabe si “la gallina va antes que el huevo”.

Desorganización. Son muy desorganizados y cometen errores como consecuencia de sus descuidos (olvidar material escolar, perderlo, etc). Suelen olvidarse de realizar las tareas y, dicho esto, volvemos a lo mismo: para que podamos memorizar algo es necesario que lo percibamos y que le prestemos atención. Si ellos tienen problemas atencionales, no podrán captar esa información adecuadamente ni procesarla para poder actuar siguiendo las instrucciones recibidas.
Dificultad para prestar atención. No siguen instrucciones y, en caso de hacerlas, lo hacen a medias. Es muy común que estos niños vayan al otorrino al principio, para que éste descarte posibles problemas auditivos. De hecho más de una vez he escuchado en boca de algún padre aquello de “nene, ¿estás sordo o qué?” Cuando le hablas parece no escucharte, pero porque se distraen con estímulos irrelevantes.

Evita tareas que le exijan un esfuerzo mental duradero. Suelen ser un poco reacios a las tareas duraderas tales como leer, resolver problemas matemáticos, etc. Necesitan parar cada cierto tiempo, porque de lo contrario su atención se dispersa y dejan de asimilar conceptos.

Se sienten incomprendidos. En la infancia no tanto, pero en la adolescencia se sienten incomprendidos y ello influye muy negativamente en su autoestima. La mayoría llevan a cuestas la etiqueta de niño “revoltoso”, algo que predispone la forma en la que actúan quienes forman parte de su entorno. Seguro que se habrá encontrado profesores cuyo pensamiento es similar al siguiente: “Este niño es un gamberro, a la mínima lo expulso de clase”. Si a lo anterior le sumamos que este adolescente ha tenido malas notas, estamos ante un caso muy probable de fracaso escolar.

Hace movimientos descontextualizados con frecuencia. La impulsividad genera movimientos en exceso, en manos, pies… Incluso pueden llegar a levantarse de su silla en mitad de una clase. Son fuera de contexto, en el sentido de que los hacen cuando no toca hacerlos e incluso algunos niños pueden ser conscientes de que no los pueden controlar.

Dificultades para respetar las normas y el turno. Les cuesta mucho respetar las normas de un juego, ya sea porque no han prestado atención cuando las han explicado o porque la impulsividad que tienen les lleva a actuar sin pensar. Además, dicho sea de paso, pueden llegar a ser muy competitivos.

Habla en exceso. Si hay algo por lo que se caracteriza un niño hiperactivo es por ser muy hablador. ¡No se callan nada! Esta condición es otra consecuencia de la impulsividad, que les lleva a hablar sin pensar y a contestar una cuestión antes de que acaben la pregunta o a interrumpir conversaciones.

Debemos de ser cautos a la hora de interpretar las señales. Es decir: si un padre viene al colegio diciendo que su hijo no se calla ni debajo del agua, que corre por el pasillo, que no sigue sus instrucciones pero en clase ocurre todo lo contrario (de hecho tiene un buen expediente) ello no implica que el chaval sea hiperactivo. ¿Por qué? Porque una condición esencial para que lo sea es que los síntomas anteriormente citados se den en más de dos situaciones/lugares. El niño estará desinhibido en casa y por eso se comporta de esa manera. La confianza es lo que tiene 🙂

Si quieres más información sobre el TDAH, no olvides echarle un vistazo a las recomendaciones de Psicología en Vena. Aquí tienes unas cuantas, junto con los enlaces para poder adquirirlas.

Déficit de atención con hiperactividad: Manual para padres y educadores (Educación especial y dificultades de aprendizaje).

Manual de Diagnóstico y Tratamiento de TDAH

Hiperactividad infantil: Guía de actuación

Superar el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) Sin Medicación: Guía para Padres y Educadores

Coaching TDAH: Coaching para Jóvenes y Adultos con Déficit de Atención con o sin Hiperactividad

¡Sentado me aburro!: Cómo tratar la hiperactividad y la falta de atención

Hiperactividades y déficit de atención: Comprendiendo el TDAH (Con vivencias)

TDAH. Un nuevo enfoque: Cómo tratar la falta de atención y la hiperactividad

En la próxima entrada os comentaré estrategias para intervenir en el aula ante un caso de TDAH. Si os ha gustado el artículo, compartidlo por favor. ¡Y no olvidéis suscribiros al blog para estar al día de todas las novedades!

La calle es mía

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Un comentario en “¿Qué es el TDAH?

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