8 motivos para no usar el castigo

Por todos es sabido que hace unos años estaba bien visto que un padre o una madre le dieran dos azotes a su hijo cuando se portaba mal. Incluso se aconsejaban entre padres la forma de hacerlo y cuándo hacerlo. El típico dicho de “dos tortas a tiempo y se acaban las tonterías”, sigue muy extendido en nuestra sociedad. Es más, si pasáis por los parques y os quedáis un buen rato observando, probablemente veréis a algún padre o madre pegándole a su hijo “rebelde”.

Utilizar el castigo físico y psicológico no sólo conlleva consecuencias legales (orden de alejamiento, sanción económica e incluso cárcel por malos tratos), sino que también tiene efectos negativos en el niño que lo recibe. En la entrada de hoy quiero hablaros de ello para que, en caso de que sigas utilizando este método tan retrógrado, dejes de usarlo y reflexiones.

Pero antes de nada quiero distinguir entre castigo físico y castigo psicológico. El primero de ellos se refiere a agresiones físicas dirigidas hacia otra persona, como collejas, azotes, puñetazos, empujones, patadas, etc. En cambio, el psicológico se refiere a insultos, amenazas, chantaje y humillaciones. Ambos tienen consecuencias, tanto a nivel físico como a nivel psicológico, en el/la niño/a.

Revolucion

1.- La violencia genera más violencia. Somos modelos para nuestros pequeños, con lo cual ellos tienden a copiar todo lo que hacemos. Si tu hijo está en el parque, le dices que es la hora de volver a casa, no te hace caso y decides pegarle un par de azotes, probablemente él hará igual cuando un amigo no quiera dejarle un juguete. Pensará que la violencia también se puede usar para solucionar sus problemas y como forma de canalizar su frustración.

2.- No fomenta el razonamiento ni el diálogo. Muchos padres alcanzan un estado de cabreo tal que olvidan explicarle a sus hijos qué han hecho mal para merecer el castigo. Si desde pequeñitos recurres a este método y no le explicas que, en el caso anterior, te lo llevas del parque porque ya es la hora de iros, no estarás trabajando el razonamiento ni la relación causa-efecto. Sustituye los azotes por frases del tipo: “Nos vamos del parque porque ya es de noche, hace frío y no quiero que pilles un resfriado”. ¡Preocúpate por tu hijo y demuéstrale empatía!

De hecho, si castigas a tu hijo porque ha tirado los libros de tu estantería al suelo, eliminarás la conducta porque el niño no querrá recibir otra vez una colleja. Pero no conseguirás que razone y piense qué ha hecho mal, de tal forma que puede que en otra ocasión se le ocurrirá vaciar el lavavajillas o los cajones de tu habitación.

3.- Perjudica negativamente a la autoestima del niño o de la niña. Estos padres que sólo saben recurrir a la agresión como correctivo, hieren gravemente los sentimientos de sus hijos y su autoestima. Le harán pensar que no valen para nada, que el hecho de recibir este tipo de castigo es algo totalmente merecido. La autoestima empieza a formarse desde que son muy pequeños y se consolida en la adolescencia. Juega un papel vital a lo largo de toda la vida y si es mala tal vez genere problemas mentales, como la depresión.

4.- Interfiere en su proceso de aprendizaje. Genera ansiedad, estrés, etc. Un niño con ansiedad tendrá serias dificultades para prestar atención a lo que su profesor dice en clase e incluso para concentrarse en casa cuando tenga que hacer sus deberes.

La curiosidad y el miedo

5.- Genera problemas emocionales y mentales graves. Miedo, resignación, déficit de habilidades sociales, etc. Si castigas a tu hijo con agresiones, tal vez de mayor no se cuestione las normas que le impongan en el trabajo o en su adolescencia se deje llevar por sus amigos y haga conductas inaceptables. ¿Por qué? Muy sencillo. Pensará que, por ejemplo, consumir drogas es lo que está de moda y, para ser uno más dentro de su grupo de amigos, tiene que hacerlo y punto. No será capaz de defender su punto de vista ante otros, siendo fácilmente sugestionable.

6.- No ayuda a que sean autónomos. Si le pegas a tu hijo cada vez que hace algo mal, en lugar de explicarle cómo se debe comportar, no aprenderá a autorregularse porque dependerá de que le pegues o no le pegues. Digamos que esa será su regulación comportamental, desgraciadamente. Es muy importante trabajar la autonomía desde que son pequeños, premiando aquellos comportamientos adecuados para que persistan en el niño.

7.- Visión negativa de la sociedad y del entorno. Un niño que recibe agresiones por parte de su familia pensará que el resto de adultos también recurre al castigo físico. Tendrá miedo a los desconocidos y dificultades para integrarse en la sociedad, junto con una visión muy negativa del entorno. “Todos me pegan porque me porto mal”.

8.- Afecta negativamente a los vínculos familiares. Si no quieres convertirte en el principal enemigo de tu hijo, no uses el castigo físico para corregir su conducta. La violencia hará que te tenga miedo, que sufra cada vez que la usas con él, que os distanciéis y que piense que en cualquier momento puedes recurrir a ella.

Usar la violencia no sólo deja cicatrices físicas: también deja marcas emocionales. Parte de lo que somos cuando alcanzamos la adultez es debido a la educación que hemos recibido por parte de nuestros padres. Nuestra personalidad, nuestra forma de actuar, nuestros miedos, nuestras cualidades positivas, etc, son como son gracias a quienes nos han educado. Sed conscientes de la importancia de no recurrir al castigo para corregir a vuestros hijos y optad por el diálogo, por premiar aquellas conductas adecuadas y por el razonamiento. En nuestras manos está el futuro de nuestra sociedad.

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2 comentarios en “8 motivos para no usar el castigo

  1. Excelente Artículo. Muchas gracias por esta Joya. Es una de las principales cosas que los padres deberían leer. Porque incluso cuando el niño no quiere entrar al colegio, muchas veces se enfocan en el regaño, los golpes y el jaloneo. Como digo, gran artículo para la lectura de los padres.

    Saludos!

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