El juego del ultimátum. ¿Qué es?

En el año 2013 llevé a cabo un estudio junto con dos compañeras y un compañero para, posteriormente, presentar los resultados al X Congreso Nacional de Estudiantes de Psicología en forma de póster. El estudio consistía en llevar a cabo un experimento muy conocido en el ámbito de la psicología de los grupos: el juego del ultimátum.

El juego del ultimátum fue creado por Güth, Werner, Schmittberger y Schwarze en el año 1982 y ha posibilitado el estudio cuantitativo de la cooperación y el altruismo en el comportamiento humano. Consiste en que el dictador (persona que reparte una determinada cantidad de dinero) tiene que repartir dinero entre varias personas y, dependiendo del contexto (condición pública o privada) el receptor tenderá a aceptar cualquier oferta realizada por el dictador (condición pública) o a rechazar (condición privada). En la condición pública, la persona toma la decisión delante del resto de participantes, mientras que en la privada la escribe en un papel y se la entrega al organizador del experimento. La hipótesis es que el contexto influirá en el tipo de decisión tomada por el participante.

Cómo lo hicimos

Para ponerlo en práctica tuvimos que buscar 60 personas para que los resultados se pudieran generalizar. Al ser cuatro en el equipo, nos dividimos: los chicos por un lado y las chicas por el otro, de tal forma que cada grupo tuvo que seleccionar a 30 “víctimas”. Mi compañero y yo nos encargamos de poner en práctica la condición privada y lo hicimos de la siguiente manera.

1.- Me situaba en la calle o en cualquier lugar público a la espera de que pasara gente.

2.- Mi compañero se quedaba escondido hasta que viera que alguien aceptaba mi propuesta.

3.- En cuanto alguien aceptaba hacer el experimento, mi compañero pasaba por donde nos encontrábamos y yo, haciendo como si no lo conocía, le pedía que participara y les explicaba en qué consistía el experimento.

4.- Muchas personas me preguntaban cuándo les daría el dinero. Para que fuese real les pedía un correo electrónico de contacto para avisarles en caso de que el otro participante hubiera aceptado el reparto (algo que nunca ocurrió, puesto que mi compañero no aceptó ninguno de los repartos que propuse).

5.- Cada persona que participaba, pasaba por las dos condiciones experimentales: la justa y la injusta. Yo les daba un papel y ellos apuntaban su correo electrónico, y con una X decían si aceptaban o no el reparto.

¿Por qué fingía ser un desconocido mi compañero? Muy sencillo. El experimento consiste en repartir dinero. En este caso tuvimos que fingir que el dinero se iba a repartir con una única condición: los dos participantes tenían que aceptar la cantidad a repartir. Evidentemente, mi compañero siempre decía que no para que no se produjera el reparto. No obstante, cabe tener en cuenta que habían dos condiciones:

Condición justa: disponíamos de 45 euros. Yo me quedaba con 15, mi compañero con otros 15 y el participante con 15.

Condición injusta: yo me quedaba con 25, mi compañero con 10 y el participante con 10.

Probablemente os surgirán varios interrogantes sobre nuestra metodología. ¿Por qué usamos dinero en lugar de caramelos? ¿Por qué se infiltró mi compañero? Las razones:

La única manera de motivar a la gente a participar es ofreciendo dinero. Normalmente todos vamos con prisas por la vida y es complicado parar a alguien que quiera dedicarte 3 minutos para contestar tus preguntas.

Si hubiéramos dicho: “imagínate que voy a repartir 45 euros entre 3 personas…” Ese “imagínate” no hubiese tenido el mismo efecto sobre ellos, por ser algo hipotético y carente de realidad. Nuestro profesor nos aconsejó que dotáramos de veracidad el experimento, siendo la única forma viable optar por infiltrar a alguien que siempre rechazara el reparto. La otra opción hubiera sido repartiendo el dinero, pero si la muestra es de 60 personas y aceptan 40, ¡nos hubiéramos gastado 600 euros en una sola condición!

Como habéis podido comprobar, el objetivo del presente estudio fue averiguar si el contexto y la condición influían en el tipo de decisión tomada por la persona que participaba en el juego. Llevando a cabo nuestro estudio podemos decir que en la condición privada la mayoría de receptores tienden a aceptar un reparto justo del dinero, mientras que por el contrario en el reparto injusto tienden a rechazar la cantidad establecida por el oferente. En la condición pública todos los receptores aceptaron la oferta propuesta por el oferente, decidiendo que tanto él como el otro receptor infiltrado y el oferente obtuviesen 15 euros cada uno. Por otro lado, en el reparto injusto, 19 receptores aceptaron la propuesta obteniendo así 20 euros a repartir entre ambos receptores (10€ para cada uno) y 11 receptores decidieron no aceptar la oferta.

La conclusión a la que llegamos tras aplicar el juego del ultimátum es que la gente se ve influida por el entorno a la hora de tomar una decisión. Si la otra parte conoce su decisión, se ven “amenazados”. Realmente rechazan la injusticia, pero temen a las represalias por parte de los demás, más si cabe si estamos hablando de dinero como en este caso. Y llegados a este punto, os planteo unas cuestiones: ¿vosotros qué haríais? ¿Aceptaríais un reparto injusto a pesar de tomar la decisión en público? ¿Por qué?

¡Espero vuestros comentarios! 😉

P.D: En la imagen aparezco junto al póster que presentamos en el X Congreso Nacional de Estudiantes de Psicología. En él aparecen los resultados que obtuvimos.

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