El asombroso caso del pequeño Albert

Hoy os traigo un experimento muy conocido, que supuso una revolución en el mundo de la psicología y que abrió un debate sobre el uso de bebés en ensayos de este tipo. Fue llevado a cabo por el psicólogo conductista John B. Watson, junto a su ayudante Rosalie Rayner en el año 1920. Watson, considerado padre de la psicología conductista, no tenía bastante con experimentar con animales y decidió pasar a usar humanos.

Antes de comenzar el experimento, Watson se planteó las siguientes cuestiones: si conseguimos que el niño tenga miedo a un ratón blanco cuando aparece un estímulo aversivo, ¿tendrá miedo a otros ratones, animales u objetos similares? ¿Cuánto durarán los efectos? ¿Puede condicionarse a un niño para que tenga miedo a un animal que aparece simultáneamente con un ruido desagradable?

El objetivo de Watson era validar la teoría del condicionamiento del miedo con un niño de un año de edad: Albert. Para elegirlo, tuvo que hacer una especie de “casting”, ya que era imprescindible que el niño no tuviera miedo a nada ni estuviera ya condicionado. En este caso, a pesar de ser un niño tranquilo, estable mentalmente, descubrieron que lo que más miedo le generaba eran los ruidos.

Años atrás, Pavlov descubrió el condicionamiento clásico. Pero, ¿en qué consiste este condicionamiento? Se trata de conseguir que un estímulo neutro, al asociarlo con un estímulo incondicionado, se transforme en un estímulo condicionado y genere una respuesta condicionada. En el caso del perro de Pavlov, éste salivaba cuando veía la comida (comida = estímulo incondicionado, salivación = respuesta incondicionada). Los experimentadores activaban un diapasón que generaba ruido mientras administraban la comida al perro. Con el tiempo, consiguieron que la mera presencia del diapasón fuera capaz de hacer que el perro salivara (diapasón = estímulo condicionado, salivación ante el diapasón = respuesta condicionada).

Dicho lo anterior, y volviendo al caso del pequeño Albert, nos encontramos con lo mismo. Consiguieron que el bebé asociara el ruido desagradable, que provocaba Watson al golpear metal, con las ratas de peluche. De esta manera, el niño tenía miedo cada vez que veía una rata o algo que se le pareciera.

Llegaron a la conclusión de que la sensación de terror se podía generalizar a otros animales u objetos, que tuvieran características similares al que se asoció con el estímulo neutro desde un principio (el ruido fuerte). Por ello, el niño adquirió fobia a los perros, conejos, abrigos de piel, al propio abrigo de piel de foca de Rosalie… ¡E incluso al propio Watson disfrazado con una máscara Santa Claus!

Las respuestas condicionadas se mantuvieron durante un mes, ya que tuvieron que suspender el experimento a petición de la madre del pequeño. Como consecuencia de la suspensión del experimento, Watson y su equipo no pudieron aplicar el descondicionamiento para romper la asociación que se había establecido entre el ruido desagradable y las ratas de peluche u objetos similares.

¿Cómo se hace un descondicionamiento?

Al hablar de esto, parece que estemos hablando de “hipnosis” o incluso de brujería. Pero no me refiero a eso. El descondicionamiento consiste en asociar el estímulo que genera miedo con un estímulo agradable para el niño, en repetidas ocasiones, hasta que deje de provocar miedo. Por ejemplo: si cuando le ponemos delante un animal, le damos un caramelo o simplemente está su madre cerca de él, dentro de su campo de visión, tal vez consigamos romper el condicionamiento si hacemos esta misma acción varias veces. El niño verá que el elemento que antes le generaba miedo, es inofensivo y que no tiene nada que temer.

Este experimento generó polémica en aquel entonces. Muchos criticaron el uso de niños pequeños en pruebas de este tipo. Tan dura fue la crítica y el debate, que hoy en día es impensable un ensayo de este tipo. De hecho Watson dejó de dedicarse a estos menesteres, para pasar a trabajar en una importante empresa como responsable de publicidad. Se centró principalmente en dos cuestiones: ¿Cómo conseguir crear la necesidad de comprar un producto? ¿Por qué tomamos ciertas decisiones cuando compramos algo?

En cuanto al pequeño Albert, siempre fue una incógnita su paradero. Muchos psicólogos estaban de acuerdo en que probablemente mantenía su miedo y que incluso éste se había generalizado. No obstante, en el 2014 encontraron a su sobrina y ésta dijo que a Albert Barger no le gustaban los animales, y que tenía mucho miedo a los perros, en concreto. Lamentablemente, su tío ya había fallecido.

¿Quién dijo miedo?

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