Genie, la niña salvaje

Imagina que has perdido toda tu infancia. Te han tenido, durante los trece primeros años de tu vida, encerrado/a y atado/a a una silla en una habitación oscura, cuya oscuridad es interrumpida por la luz que entra cuando la abren para darte cuatro pedazos de pan y un vaso de agua. Si esto os parece poco, súmale las continuas palizas y agresiones psicológicas. Suena espeluznante, ¿verdad?

Ocurrió en realidad. Y es conocido como el caso de Genie, la niña salvaje. Esta historia hizo reflexionar a psicólogos, psiquiatras, educadores, etc, sobre la adquisición del lenguaje y su importancia. Por un lado tenemos a los que piensan que el habla es algo innato, presente en nosotros desde que nacemos y que no se ve influido por el contexto. En cambio, hay quienes se atreven a decir que el desarrollo del habla es debido, única y exclusivamente, a la estimulación que recibimos de nuestro entorno. Actualmente se piensa que tienen el mismo peso los factores ambientales y genéticos.

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El caso

El 4 de noviembre del año 1970 salió a la luz, en Los Ángeles (California), la historia de la pequeña Genie. Fue un trabajador social quien descubrió los malos tratos que sufría esta niña de 13 años de edad, gracias a que la madre de Genie acudió a los servicios sociales a pedir ayuda y a denunciar estos hechos.

Tras conocer estos hechos, relatados por la madre, las autoridades acudieron al domicilio para ver con sus propios ojos aquella barbaridad. Comprobaron que Genie estaba en una pequeña habitación, atada a una silla con un orinal incorporado, y que había permanecido allí la mayor parte de su vida. De hecho, la niña usaba pañales y su desarrollo correspondía al de una niña de 1 año: no sabía andar, no hablaba y no controlaba sus esfínteres. De ahí que fuera llamada “la niña salvaje”. 

Fue ingresada inmediatamente en un hospital infantil de la zona, debido a su estado de desnutrición y abandono. En cuanto a sus padres, éstos fueron acusados de abuso. Pero el padre se quitó la vida antes de acudir a los tribunales de justicia a declarar, dejando una nota escrita en la que afirmaba: “el mundo nunca lo va a entender”.

¿Por qué pasó tantos años aislada? Todo apunta a que el padre no aceptó el hecho de que su hija padeciera un problema en la cadera. Es más: muchos piensan que tenía miedo a que las autoridades le quitaran la custodia de Genie para internarla en un centro. Su obsesión llegaba hasta el punto de prohibir que cualquier miembro de su familia se comunicara con la niña, lo cual hizo empeorar el retraso en la adquisición del lenguaje. Nunca sabremos los motivos reales que llevaron a aquel hombre a tratar de esa forma a su pequeña.

Lo que los científicos concluyeron

Chomsky afirmaba que “nuestro lenguaje es el resultado de descifrar un programa genéticamente determinado”. Es decir: tenemos un componente innato que nos ayuda a adquirir el lenguaje, siendo esto lo que nos diferencia de los animales. No obstante, su teoría recibió y sigue recibiendo críticas (dedicaremos otro artículo a esta polémica) de investigadores que defienden la importancia de la interacción entre el componente genético y el ambiente donde se desarrolla el niño.

Si para algo ha servido el drama de la pequeña Genie, es para comprobar la importancia de los primeros años de vida en el correcto desarrollo del ser humano. Confirmaron la existencia de un período crítico de adquisición del lenguaje y, como conclusión, establecieron dos requisitos para aprender el lenguaje: disponer de estructuras cerebrales humanas y recibir una correcta estimulación lingüística durante el período crítico.

A pesar de los esfuerzos por parte del equipo que atendió a Genie tras el rescate, la niña nunca pudo aprender al 100 % el lenguaje. Tan sólo fue capaz de comunicarse por gestos básicos y palabras de una o dos sílabas. Su cerebro carecía de la plasticidad necesaria para que asimilara esos nuevos conocimientos.

Sin duda, es una historia dramática propia de una película de terror, que lamentablemente ocurrió, y que demuestra que somos seres sociales por naturaleza. Necesitamos relacionarnos con nuestro entorno y recibir una correcta atención desde que nacemos. En la actualidad, Genie reside en un centro de acogida para personas mayores con problemas de autismo y otros trastornos, en Los Ángeles.

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