Lo que no debes hacer cuando vayas a ver a tu hijo competir

Muchos padres apuntan a sus hijos a fútbol, baloncesto, atletismo, tenis, natación, etc. Entre semana entrenan, mientras que los fines de semana les toca jugar algún partido o competir en la disciplina que practican (como en el caso del atletismo o la natación). Hasta aquí todo bien. Pero por todos es sabido que la competición genera polémica y enfados, incluso en las categorías inferiores. Hoy quiero exponeros lo que no debéis hacer si vas a ver a vuestros hijos cuando juegan un partido. 

La última vez que pise un campo de fútbol, para ver un partido de chavales de la categoría Cadete, vi dos cosas que me llamaron poderosamente la atención. La primera de ellas fue una señora que insultaba al árbitro, independientemente de que pitara a favor o en contra del equipo que ella animaba. Muy coherente todo, ¿no? Y la segunda, un padre que se puso en primera fila, con el cuerpo vencido hacia delante (tenía casi todo el cuerpo dentro del campo y estaba a punto de caerse) diciéndole a bocajarro “¡síguela, síguela tú sólo! ¡Eres más malo que Arbeloa!”

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1.-Insultar

Queda mal insultar y es una conducta que no sólo pueden copiar tus hijos: también la pueden copiar aquellos niños que estén en la grada viendo el partido. Un insulto nunca está justificado, da igual que te caiga mal el árbitro o el entrenador del equipo rival. ¿De verdad quieres darle ese ejemplo a tu hijo/a?

2.- Agredir o amenazar

Otra mala conducta que puede ser copiada. Pero, además, te puede costar muy cara puesto que está penada por ley. No olvides que es sólo un juego y que son niños… ¡Lo importante es participar y hacer juego limpio! Con la agresión no se solucionan las cosas.

3.- Exigir a tu hijo/a

Algunos padres olvidan que sus hijos están jugando. Sí, sí: JUGANDO. No podemos ni debemos equiparar un partido de categoría infantil con uno de Primera División, porque están en edad de aprender y de disfrutar lo que hacen. Fomentemos los valores como el compañerismo, la constancia y el esfuerzo y olvidémonos del resultado del partido.

4.- Menospreciar

En el segundo ejemplo, el padre infravaloraba a su hijo. En lugar de animarle y decirle que lo estaba haciendo bien, prefirió decirle delante de todos sus compañeros que “es más malo que Arbeloa”. Si los padres sois la principal fuente de apoyo para estos chavales y los principales referentes, todo lo que digáis afectará a la autoestima del chico.

5.- Comparar

Evita utilizar frases como “tu compañero mete más goles que tú” o “tu compañero queda siempre el primero y tu no pasas de la novena posición”. Eso también les hace sentirse mal e incluso pueden optar por abandonar el deporte que están practicando. Además, pueden caer en la profecía autocumplida. ¿Qué es esto? Os lo explicaré con un ejemplo. Si Mario juega a baloncesto y le dicen que es muy torpe, aún sin ser cierto, él probablemente pensará todo el rato que eso es verdad y le afectará a su concentración. Como consecuencia, fallará más tiros a canasta de lo habitual y ello le servirá de retroalimentación para creerse lo que le dicen: “pues sí que es verdad que soy torpe… Fallo más canastas que antes”, pensará. Por eso se llama profecía autocumplida, porque es él mismo quien la cumple.

6.- Echarle la culpa cuando pierde

¿Sabes cómo se siente tu hijo cuando no consigue ganar? ¿Y cuando queda el último? ¿Y cuando su equipo recibe una goleada? En esas circunstancias, no es el momento de buscar culpables ni de echar en cara nada. Si un equipo de fútbol pierde, la culpa es de todos porque son un equipo pero no merecen castigo alguno. Se les debe recordar que unas veces se gana y otras se pierde. Cambia los reproches por abrazos e insiste en que “lo importante es participar”.

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7.- Perder la calma

Cuando nos alteramos, perdemos el control de la situación, nuestros niveles de adrenalina suben, nuestra frecuencia cardíaca también, aparece la visión en túnel, se contraen los músculos, etc. Esto puede provocar que hagamos las cosas sin pensar y, por ende, con más fuerza de lo habitual. Por otro lado, es un riesgo innecesario para nuestra salud: no olvidemos que es un juego y que los chavales tienen que disfrutarlo.

Si evitas hacer lo anterior, serás un buen padre y ganarás mucho en salud. Disfruta de ver a tu hijo/a compitiendo y déjate las tensiones y los malos rollos en casa.

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