Cuando arrancarse pelos se convierte en patológico

Posiblemente os suene a trabalenguas, pero no se trata de ningún juego o adivinanza. La tricotilomanía es un trastorno que afecta al 4 % de la población mundial y que padecen aquellas personas que se arrancan pelos de cualquier parte de su cuerpo, principalmente de la cabeza, pestañas y cejas, de forma compulsiva. Además, puede ir acompañado de la ingesta de pelos arrancados. Estas personas, al arrancarse el pelo de raíz obtienen placer, lo que retroalimenta positivamente esta conducta y hace que se repita y, como consecuencia, genera calvas en la cabeza por la abundante pérdida de cabello.

¿Qué hay detrás de esta enfermedad? Antes de nada es importante destacar que, por desgracia, no es muy conocida en nuestro país. Incluso hay personas que la padecen y no lo saben, bien porque ven normal el hecho de arrancarse pelos o porque atribuyen esa conducta al estrés o la ansiedad. Es más frecuenta en mujeres y, por consiguiente, afecta negativamente a su autoestima: el pelo es un componente de belleza culturalmente establecido.

El DSM V establece los siguientes criterios para diagnosticarla: arrancamiento de pelo de forma recurrente, genera malestar significativo y deterioro en lo social. Además, cabe tener en cuenta que el arrancamiento de pelo no se produce en presencia de otras personas, que niegan su comportamiento con frecuencia y pueden llegar a evitar ciertas situaciones sociales. Por último, otro aspecto a comentar es que hay personas que se arrancan los pelos de uno en uno, mientras que otros lo hacen por manojos.

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Causas

Hay división de opiniones a la hora de determinar cuáles son las causas de este trastorno. Por un lado tenemos a quienes afirman que uno de los detonantes es la mala relación que existe con los padres durante los primeros años de vida y la falta de afecto. Tratan de justificar esta hipótesis aludiendo a los casos de tricotilomanía en niños pequeños.

También se puede relacionar la tricotilomanía con el estrés y la ansiedad. Vivimos con prisas, presiones y muchas responsabilidades. Todo ello combinado puede llegar a generarnos estrés y/o ansiedad y una forma de canalizarla es realizando conductas compulsivas como arrancarse pelos o morderse las uñas. ¿Quién no se ha mordido las uñas cuando ha estado nervioso? Es curioso, pero hay dos polos opuestos: por un lado están quienes se arrancan pelos de la cabeza como consecuencia del elevado estrés o ansiedad y otros lo hacen mientras leen un libro o ven la televisión relajadamente. En definitiva, sí es cierto que el estrés puede llevarnos a tirarnos de los pelos porque nos genera inquietud y necesitamos descargar esa tensión de alguna manera.

Por último están los genetistas, empeñados en demostrar que tiene un origen hereditario. Según ellos, en el 10 % de los casos hay una base de trastorno obsesivo-compulsivo de origen hereditario. De hecho, van más allá y dicen que a nivel cerebral se puede ver porque hay un incremento en las densidades bilaterales de materia gris en cuerpo estriado izquierdo, formación amígdalo-hipocampal izquierda y en las regiones corticales bilateralmente múltiples. En conclusión: los circuitos neuronales implicados en el aprendizaje y las emociones de una persona con esta enfermedad tienen un funcionamiento diferente al del resto de la gente.

No obstante, cabe diferenciar tricotilomanía de TOC: en la primera se da la conducta sin que exista una obsesión real, ya que pueden arrancarse el pelo mientras ven la televisión o leen. En cambio, en el TOC sí hay una obsesión que les lleva a realizar una determinada conducta compulsiva, como por ejemplo arrancarse el pelo porque eso les da buena suerte.

Tratamiento

Es vital acudir al dermátologo y al psicólogo. Éste último proporcionará una serie de técnicas, entre las que podemos destacar el entrenamiento en técnicas de respiración, la relajación muscular progresiva de Jacobson, la reestructuración cognitiva, el autorrefuerzo, etc. Además el apoyo social, comprensión por parte de la familia y grupos de autoayuda son cruciales en la superación de este trastorno.

Entre las consecuencias de este trastorno cabe mencionar la pérdida de pelo, el miedo al rechazo, la baja autoestima y el bajo rendimiento académico, sobre todo en adolescentes. En los casos de ingesta de pelo, puede llevarles al quirófano porque se hace una especie de manojo de pelos en el estómago que dificulta la digestión. Como he comentado anteriormente, el pelo es un componente muy importante en nuestra sociedad. Un adolescente que padezca este trastorno, se sentirá muy mal si sus compañeros descubren que lo padece y, por ello, tratará de disimular esas pequeñas calvas ocasionadas como consecuencia de la tricotilomanía.

Bibliografía

Sarmiento, T. Guillén, V. Sánchez, J. M. (2016). El tratamiento psicológico de la tricotilomanía: un estudio de caso. Revista de psicopatología y psicoloigía clínica, 21, 57-66

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