El perro: no sólo el mejor amigo del hombre

Forman parte de nuestra vida. Compartimos casa con ellos, juegos, coche, comida… ¡Hasta la cama! Los animales, en especial nuestros perros, se han convertido en un pilar fundamental de nuestras vidas. Tanto es así, que hemos llegado a la conclusión de que estar acompañados por ellos proporciona una serie de beneficios. Pero… ¿Qué pasa si utilizamos estos beneficios con personas que padecen algún tipo de enfermedad?

Ya tiene nombre: Intervención Asistida con Animales. Muchos años han tenido que pasar para que nos demos cuenta de que nuestros “pequeños” amigos pueden ayudarnos a superar enfermedades como la depresión, los problemas de lenguaje, etc. Fue Edward O. Wilson, biólogo americano, quien hizo la teoría de la biofilia que sugiere que los seres humanos sienten afinidad innata por todo lo viviente y natural. Por eso, en el artículo de hoy quiero centrarme en los beneficios de este tipo de terapia con niños que padecen trastornos del lenguaje o diversidad funcional y relacionarlo con el ámbito educativo.

so i've tried to like this new interface, but i'm sorry, it's just not the same... : happy dog, glen park, san francisco (2013)

Es importante tener en cuenta que cualquier animal no sirve para realizar este tipo de terapia. Ni cualquier persona puede dirigirlo. Es requisito indispensable que haya un equipo interdisciplinar detrás y que el animal esté adiestrado para ello. ¿Qué quiero decir con interdisciplinar? Muy sencillo: equipo donde tienen cabida médicos, maestros, psicólogos, fisioterapeutas, etc.

Pero, ¿qué beneficios tiene esta terapia en quienes la reciben? Si hablamos de dificultades en el aprendizaje, como por ejemplo la adquisición del habla o la lecto-escritura, o las habilidades de la vida diaria, encontramos unas condiciones excelentes si impartimos ese conocimiento en presencia de un animal que haga de acompañante del niño o la niña en cuestión, pudiendo ser un perro, un gato o un caballo.

1.- Fuente de apoyo incondicional

Los perros y los niños se llevan muy bien. Es como si los primeros tuvieran un “chip” en su cabeza que le permite diferenciar entre adultos y niños, y les lleva a proporcionarles amor en grandes cantidades. Esto viene bien para aquellos niños que tienen mala disposición para realizar tareas académicas o incluso miedo. Si, por ejemplo, los ponemos a hacer sumas encima de un caballo o mientras acarician a un perro, tal vez se olviden de lo “aversivo” que es dicha tarea para ellos.

2.- Ayuda a mejorar el estado de ánimo

Los caballos se utilizan con niños con movilidad reducida, porque el hecho de subirlos encima es muy positivo para la musculatura del alumno y, de alguna forma, le libera de su silla de ruedas por un buen rato. El contacto directo que el niño tiene con el animal, sobre todo al poder acariciarlo, supone una conexión tremenda y una sensación de libertad que aumenta su estado de ánimo y que le da confianza a la hora de moverse sin miedo a caerse.

And then, Reese pulls Sage's ear

3.- Favorece la socialización

Este beneficio se puede extender a todos los niños, ya que no está de más trabajar las habilidades sociales en todos los niveles y en todos los públicos. ¿Por qué favorece la socialización? Esto es muy sencillo y empieza con algo tan rutinario como sacar a pasear a nuestra mascota. Cuando vamos a dar un paseo con nuestro perro, normalmente tendemos a ir a parques o zonas habilitadas para perros y lo normal es que allí encontremos a más gente con sus mascotas. No es muy difícil que nuestro can haga “migas” con otro can y que su dueño/a se acerque a hablar con nosotros.

En estudios realizados con niños que padecían Trastorno del Espectro Autista, descubrieron que aumentaba la interacción social y las conductas de juego, y que disminuía las conductas autoestimulatorias (lo que se conoce como estereotipias). Es muy beneficioso el juego para favorecer la expresión corporal, la coordinación motora y el aprendizaje.

4.- Trabajamos la responsabilidad

Siguiendo con el ejemplo anterior, tener una mascota implica ser responsable. Hay que sacarlo a pasear, lavarlo, darle de comer, etc. Una serie de tareas que debemos asignarle, en la medida de lo posible, al niño para que empiece a ser responsable y descubra lo bonito que puede ser cuidar de un ser vivo.

5.- Respeto y tolerancia hacia animales y entorno medioambiental

Dicen que el amor genera más amor. ¿Cuántas veces, al conocer la mascota de alguien, os habéis librado de un “lametón”? Seguro que las podéis contar con los dedos de una mano. Hay muchos animales que, a pesar de no conocernos, la primera vez que nos ven vienen entusiasmados hacia nosotros a chuparnos en la cara, pegar saltos cerca de nosotros, etc. Con estas conductas demuestran su amor hacia el ser humano y, por consiguiente, caemos enamorados hacia ellos. Con lo cual, muy probablemente a partir de ese momento veremos el mundo animal de otra manera y nos lo pensaremos dos veces antes de maltratar a un animal o ensuciar un entorno natural. No obstante, lamentablemente siempre hay excepciones.

6.- Alivio en momentos duros

Acariciar a un animal nos libera del estrés y la ansiedad. Es muy relajante deslizar nuestras manos por el cuero cabelludo de un perro o un gato. Y siempre es motivante saber que estas criaturitas devuelven todo el amor que reciben. Además, investigaciones recientes demuestran que estar con animales de compañía produce sensaciones de relajación y tranquilidad junto con la reducción de la presión sanguínea o el ritmo cardíaco.

No sólo alivia el dolor: también disminuye el tiempo de recuperación en pacientes. Y para muestra, una noticia que afirma que en los niños enfermos que recurren a la terapia con perros, la recuperación se reduce un 30 %. http://telegraphsun.com/hospital-offers-therapy-dogs-sick-kids-reduces-recovery-times-30/

A grandes rasgos, este tipo de terapia tiene grandes beneficios en el funcionamiento social, emocional, cognitivo y físico de las personas. Pero debemos de ser cautos a la hora de utilizar un animal para estos fines, ya que cualquier perro no nos valdrá ni cualquier persona puede dirigir esta terapia. Incluso debemos tener en cuenta que cada niño es único y tiene unas necesidades concretas, por lo tanto la terapia deberá ajustarse a él para que sea eficaz.

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